SALUD MENTAL Y DESASTRES NATURALES EN AMÉRICA LATINA

 

                                                                      Raquel Eidelman Cohen, MD,  MPH

 

INTRODUCCIÓN

Para muchos individuos, un desastre es una noticia de un evento en el periódico, televisor o radio que se anuncia a diario.  Para otros, el evento tiene un impacto inmediato y produce efectos inimaginables en sus vidas que cambian su entorno llenándolos de terror y sufrimiento. Para miles de personas, desastres son tragedias personales que producen una pérdida posible de vida, de seres queridos, de empleos y de hogar. Hoy día cuando nos imaginamos cómo reaccionaríamos como sobrevivientes de un desastre, sería útil comprender qué tipo de reacciones de sobrevivencia y cómo puede el individuo confrontar estas situaciones. Con estos conocimientos podemos anticipar cómo reaccionaríamos, cómo manejaríamos nuestras emociones y capacidad de confrontar la situación que existe y reconocer la importancia de sistemas de soporte y ayuda que reforzarían nuestra salud mental en situaciones de crisis.

 

 Este capítulo se va a enfocar en los avances del conocimiento durante los últimos 30 años para ayudar a sobrevivientes asociado con planificar, organizar e implementar los programas de salud mental en desastres naturales en esta región. El conocimiento que enriqueció esta rama de la medicina y la psicología derivó del avance científico obtenido de episodios traumáticos y estresantes sufridos por individuos y estudiados clínicamente.  Los temas que se van a presentar están basados en lecciones aprendidas progresivamente en desastres diversos a través de muchos años. Las experiencias de profesionales, en este campo, son difíciles de separar de todas las condiciones inherentes en países de pocos recursos, gobiernos con otras prioridades y falta de capacidad para prevenir las consecuencias de los traumas producidas por el desastre.

 

A través de los años se observó que las reacciones de los sobrevientes cambiaban a medida que pasaba el tiempo. Se notaban variaciones en pensamientos, emociones y conducta, pero parecian seguir un patrón muy parecido universalmente (1). Los procesos de las reacciones manifestaban cambios de todos los sistemas biológicos-psicológicos y de conducta y eran expresados por los sobrevivientes dentro de sus enfoques socioculturales y religiosos. Estas observaciones indicaban que esos individuos, en su  mayoría, estaban procesando un evento traumático y que las observaciones de su conducta necesitaban ser interpretadas como esfuerzos de adaptación, reacciones estresantes, y afrontamiento y no como síntomas patológicos (2). Sin embargo, un porcentaje de sobrevivientes proseguían a enfermarse y desarrollaban problemas crónicos.

 

 

AMÉRICA LATINA Y DESASTRES NATURALES (3)

Las poblaciones de América Latina están plagadas de trágicos eventos sustentados por los niveles de pobreza, acciones terroristas, efectos de la naturaleza manifestados por terremotos, huaicos, erupción de volcanes, deslaves y lluvias torrenciales.

 Las condiciones crónicas de esta región presentan dificultades para distinguir claramente los efectos agudos del evento traumático a diferencia de la situación crónica del ciudadano.  También es difÍcil comparar los diversos resultados de los países que tienen diferentes respuestas y recursos a la desorganización, fragmentacion y cambios de la estructura social que impactan en las instituciones públicas afectadas por el desastre. A pesar de todas estas variables, los cambios repentinos y catastróficos tienen una relación clara y directa a las reacciones y a los esfuerzos de recuperación del individuo después de un desastre. Este capítulo se va a enfocar en lo que hemos aprendido de las reacciones biopsicosociales del sobreviviente y los tipos de ayuda actuales.  La perspectiva de presentar el contenido esta basada en una serie de oportunidades fortuitas de la autora que le permitió estar radicada en el centro académico médico de la Universidad de Harvard en E.U. donde tenía acceso a recursos y oportunidades de adquirir e intercambiar conocimientos obtenidos por muchos colegas en este campo. Además tuvo la posibilidad de viajar para ayudar patrocinada por los gobiernos de paises afectados, la Organización Panamericana de la Salud, la Cruz Roja Internacional y muchas otras entidades.  Estas experiencias ofrecían la oportunidad de combinar la perspectiva académica con la experiencia de campo y de esta manera fomentar actividades en conferencias, publicaciones y desarrollo de nuevas observaciones que servían de insumos para formar y reformar hipótesis y nuevos conceptos.

 

El reto se presenta en ¿cómo enfrentar los efectos  de un desastre sobre una población con las características de los países latinos impactados por el siniestro? ¿Qué modelos tenemos que se podrían desarrollar y adaptar a la región afectada respetando las características regionales, sociales, tradicionales y culturales?  Hoy tenemos un consenso en  reconocer las reacciones psicosociales de sobrevivientes aceptadas por agencias mundiales.  Investigaciones y publicaciones atestiguan de las reacciones a corto y largo plazo de sobrevivientes (4). Los efectos fisiológicos, psicológicos y de conducta varían dependiendo de características individuales genéticas, experiencias infantiles  e historias personales dentro de un contexto de su entorno previo a la catástrofe.  Muchas de estas reacciones son normales para la situación catastrófica que enfrentan y se van a resolver si son atendidos rápidamente con recursos adecuados.  El conocimiento actual nos ayuda a entender estas reacciones y nos da los lineamientos para desarrollar programas de asistencia (5).

 

Reseña  personal   histórica  de  la  autora

Después de graduarme de la Universidad de San Marcos, Lima, Perú, en Química Industrial y de las Escuelas de Salud Pública y la Escuela de Medicina en Harvard, Boston, E.U. me especialicé en Psiquiatría Infantil con énfasis en la comunidad y programas preventivos en Boston, E.U.

 

Viajaba muy a menudo a Lima a visitar a mi familia y colegas con quienes intercambiaba conocimientos médicos.  En una de estas visitas en 1970  me pidieron ayuda en planificar para cientos de huérfanos que habían sobrevivido a la tragedia producida por el terremoto en Yungay.  Aunque pude guiar algunos de los programas, para muchas de las preguntas yo no tenía respuestas debido a que no había conceptualizado los efectos traumáticos en proporciones tan numerosas dentro de mis conocimientos clínicos. Decidida a encontrar respuestas y ayuda regresé a mi trabajo en Boston y empecé a buscar recursos, contactando a colegas en los centros médicos de Emergencia en la ciudad de Washington U.S. 

 

Una segunda oportunidad se presentó cuando tuvimos la noticia del terremoto en Managua, Nicaragua en el 1972.  Esta vez un grupo de profesionales hispanos se reunieron y con el apoyo de los dos gobiernos organizamos un equipo que lideré e implementé (6). Este fue el comienzo de mi experiencia y conocimiento que continúan hasta la fecha.  Una serie de acontecimientos reforzaron mi interés y oprtunidad de seguir aprendiendo las necesidades de este campo.  En 1974 se publicaron nuevas leyes Federales Norteamericanas en las que habían guías para desarrollar programas de Salud Mental de Emergencia en situaciones de desastres cuando se sobrepasara la capacidad de los estados para ayudar a los sobrevivientes (7).

 

Debido a mi trabajo en Managua la Oficina Nacional de Emergencia en Washington, E.U. me invitó a preparar un programa de capacitación en Salud Mental para funcionarios federales y estatales.  Este primer esfuerzo fue el ímpetu para organizar un material de capacitación ya que no teníamos un curriculum en este campo pionero.  Yo escogí un grupo de temas basados en mis conocimientos profesionales que formaron la base del contenido de un programa.  A través de los siguientes 30 años esta base de datos fue corregida y aumentada a medida que los conocimientos compartidos por trabajadores en desastres mundiales modificaban nuestros conceptos e hipótesis (8).  También sirvieron para ayudar en  otros diversos eventos traumáticos, como por ejemplo, en desarrollar un programa de ayuda para las esposas de los rehenes del grupo MRTA en la residencia del embajador japonés en Lima, Perú (1996) o los familiares de los pasajeros del avión ValueJet que se estrelló en los Everglades, Miami, U.S. (1996) sin sobrevivientes.

 

Mis actividades profesionales a través de los años se dividieron en 3 áreas principales: académica-clínica; comunidad-desastres y programas de asistencia a niños maltratados.  Siempre tuve la oportunidad de ausentarme de mis empleos para viajar a ayudar a un país sufriendo las consecuencias de un desastre. También tuve la oportunidad de estar presente en varios desastres en E.U. donde adquirí las destrezas y técnicas que adapté y compartí con los países latinos.  Todas estas actividades se plasmaron en artículos, libros, conferencias y capacitación para profesionales en este campo (9).

 

HISTORIA  DE  CATÁSTROFES  EN  LATINO  AMÉRICA QUE  SIRVIERON  DE BASE A LOS CONOCIMIENTOS CONTEMPORÁNEOS

Cuando se estudia el mapa de la región, desde el límite norte de México a través de la región de Centro y Sur América se pueden marcar los diferentes desastres que afectan periódicamente las regiones geográficas. Para contestar la pregunta de dónde aparecen huracanes más a menudo, escogeríamos la región de América Central.  La respuesta a terremotos y erupciones volcánicas indicarían los países andinos.  La ocurencia de inundaciones y huaicos afectan las áreas con muchos ríos que fluyen a través de tierras deforestadas. Los bordes del Océano Pacífico produce la mayoría de los tsunamis.  Países como Uruguay y Brasil tienen menos historia de desastres naturales.

 

Los siguientes desastres fueron algunos de los más devastadores en el siglo XX en que participé en esta región.  Estas experiencias sirvieron de base al aprendizaje de los roles, actitudes, destrezas y conocimientos necesarios para organizar un programa en Salud Mental.  Tuve la ocasión de ejercer los roles de trabajadora de emergencia en albergues, de asistente de equipos, de consejera en crisis, de consultora a jefes gubernamentales, participadora de comités para planificar programas y capacitadora para todos los niveles de servicio y programas de agencias.  De esta manera fui testigo y participante del desarollo de roles en este campo profesional.

 

1970-Perú-Terremoto del Callejón de Huaylas-Yungay, Ancash. El desastre ocurrió en los Andes donde murieron 75,000 personas, hubieron 150,000 heridos y 80% de las estructuras fueron derribadas.  La ciudad de Yungay fue cubierta por una avalancha del tamaño de un edificio de 10 pisos.  De una población de 4,500 sólo sobrevivieron 300 individuos.  Pasaron 4 días antes que el equipo de emergencia llegó a visualizar el terrible panorama y 2 semanas antes que se estableciera el programa de ayuda (10).

 

1972-Terremoto-Managua, Nicaragua. Dos días antes de Navidad 2 terremotos consecutivos aplanaron 70% de la ciudad.  El impacto a   todos los edificios gubernamentales  de la capital más el destrozo de las áreas privadas afectó a miles de ciudadanos. Más de 10,000 personas fallecieron y miles necesitaban albergues. La comunidad internacional respondió generosamente y se construyeron campamentos para los sobrevivientes. El presidente Somoza organizó un equipo representativo de emergencia al que fui invitada y participé aconsejando en el área de salud mental (11).

 

1976-Terremoto-Guatemala. Este catástrofe dejó 77,000 heridos, 2,000 muertos y un millón sin hogar.  Rápidamente el gobierno construyó campamentos de carpas y los que podían dormian bajo techos plásticos o hechos con sábanas.  Pocos querian regresar a sus casas rajadas por la cantidad de réplicas durante los siguientes días.  Varios países mandaron recursos y el gobierno invitó a profesionales de salud mental a participar en la capacitación de sus trabajadores.

 

1985-Terremoto-México. El terremoto más devastador en su historia afectó a la ciudad derribando parte de ella y sus principales hospitales. Un segundo terremoto ocurrió 36 horas después.  La pérdida humana fue de miles pero las instituciones pudieron organizar ayuda efectiva porque la destrucción estaba circunscrita  a una parte de la ciudad. Un número de recién nacidos sobrevivió enterrado en los escombros y 10 años después sus historias fueron televisadas a todo el mundo (12).

 

1985-Colombia-Avalancha del Volcán Nevado del Ruiz. La erupción del volcán introdujo lava, rocas y trozos de hielo dentro del río que fluye valle abajo en la ciudad de Armero.  La fuerza de esta avalancha cubrió la ciudad con millones de pies cúbicos de lodo, piedras y árboles matando a más de 20,000 ciudadanos dentro de sus casas. Caminos, hospitales, iglesias, cultivos, animales, desaparecieron dejando una lúgubre alfombra que cubría a la desaparecida ciudad.  Las operaciones de rescate fueron impedidas por aguaceros torrenciales y la imposibilidad de traer equipos y ambulancias debido a la inundación y espesor del barro, donde sobrevivientes se aferraban a ramas de árboles para no hundirse y perder la posibilidad de respirar, empeoraron la situación.  Eventualmente un número pequeño de helicópteros salvaron a los sobrevivientes uno por uno llevándolos a hospitales dispersos  por todo el país.  Una de las consecuencias trágicas de este evento fue que muchos individuos tuvieron que ser amputados debido a las infecciones en sus piernas producidas por la larga espera dentro del lodo contaminado (12).

 

1986 y 2001-Terremoto San Salvador.  Este país ha sufrido varios terremotos que devastaron ciudades y dejaron miles de muertos y heridos.  Añadiendo a los sufrimientos, réplicas ocurrían por meses después de cada desastre afectando la salud de sus habitantes.  Los efectos de estos eventos traumáticos reforzaban el número de sindromes de salud mental crónicos que necesitaban programas difíciles de completar por la falta de recursos (13).

 

1998-Huracán Mitch. Este evento afectó a Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala.  Su intensidad, duración y extensión lo hizo el más violento huracán del siglo.  Entró por el noroeste de Honduras con vientos de 250 Km por hora con lluvias torrenciales y después por 4 días lentamente se desplazó por todo el territorio.  Terminó 5 días después como una tormenta tropical produciendo ríos sobrecargados que arrasaban grandes extensiones de tierra destruyendo todo a su paso casas, puentes, carreteras, matando a seres humanos y ganado.  Este evento dejó millón y medio de individuos afectados. Las pérdidas humanas llegaron a 6,500, 11,998 desaparecidos, un millón necesitaban albergue.  La ayuda internacional fue masiva incluyendo países como China, Rusia y Alemania.   Entre las agencias que respondieron-UNICEF, PAHO, UN, NGO, el nivel de ayuda en salud fue variable por el número de voluntarios y diferentes modalidades usadas.  En la capital de Honduras se constituyó un comité del gobierno liderado por la Ministra de Salud Mental con representantes de todos los ministerios (Crónicas de Desastre-Huracanes George y Mitch. PAHO) (14).

 

1999-Terremoto Armenia-Colombia. Este terremoto destruyó varias ciudades en una región de importantes cafetales y centro económico del país.  Unos mil individuos murieron; 4,000 heridos y cerca de 200,000 individuos perdieron sus casas y sus empleos. 

El terremoto dejó a las ciudades de Armenia, Calarca, y Pereira en ruinas y destruyó el centro de la industria cafetera colapsando la economía de la región. Un grupo de profesionales organizaron los programas de salud mental con la ayuda del gobierno.  Debido a su nivel de experiencia desarrollaron un plan de asistencia a muchas vecindades con buenos resultados, organizándose en equipos y asistiendo a los sobrevivientes en albergues y en hogares semidestruidos.

 

1996-Terremoto–Nazca-Acarí-Perú. El sismo fue percibido en casi todo el país, incluyendo Lima. Este desastre dejó 17 muertos, 1,620 heridos, miles de casas de adobe se derrumbaron y otras miles fueron parcialmente dañadas. El alto número de réplicas tuvo efectos de alto nivel de ansiedad en la población. El problema principal fue el albergue, escuelas y centros de salud que impactó a niveles económicos y de construcción.  En base a los daños producidos por el terremoto se propuso algunas modificaciones al código sísmico peruano de construcción (15).

 

1999-Tormenta tropical y huaicos-Venezuela. Durante varias semanas lluvias torrenciales de inmensa proporción inundaron varias provincias causando estragos en la infraestructura. Aproximadamente 20,000 muertes fueron documentadas, 7,000 desaparecidos y 300,000 perdieron sus casas y empleos.  Un programa liderado por la Cruz Roja Venezolana con asistencia de la Cruz Roja  Americana desarrollaron un programa de asistencia de Salud Mental ayudado por el gobierno.  El grupo inició una capacitación para 50 coordinadores de diferentes regiones que regresarían a sus puestos y a la vez proporcionarían capacitación a otros profesionales.  El gobierno utilizó un grupo de cuarteles militares para albergar a los sobrevivientes y mandó a psicólogos militares que participaron en la capacitación (16).

 

Terremoto -Región Ica, Perú –Agosto 15, 2007. El evento mató a 596 ciudadanos, destruyó más de 9,000 viviendas en Ica, Pisco, Chincha, Cañete y áreas vecinas.  Debido a la hora del impacto muchos individuos estaban en camino a sus casas pero un grupo en la Iglesia San Clemente fue aplastado cuando el edificio se desplomó.  Las comunicaciones y la electricidad quedaron interrumpidas dejando a oscuras las ciudades.  Hubo muchos episodios de pánico debido a los rumores de la aparición de un tsunami.  Una serie de réplicas continuaron afectando a las comunidades que provocaron pánico y temor de regresar a sus casas semidestruídas.  Los esfuerzos de ayuda se dificultaron por el derumbe de las únicas carreteras en esos pueblos.  El 15 de setiembre se inauguró un programa de capacitación fomentado por MINSA que preparó a equipos de salud mental en técnicas de ayuda psicológica (17).

 

2010 Terremoto-Chile. Una fuerte réplica afectó la costa de Chile al día siguiente de un terremoto de magnitud 8.8 en la escala de Richter dejando cientos de muertos y ciudades destruidas. En los siguientes días la ciudad de Concepcion siguió temblando y se terminaron de destruir varios vecindarios. Mas de 1.5 millones de ciudadanos tuvieron que buscar refugios debido al colapso de sus hogares.  El el Puerto de Talcahuano una ola gigantesca llegó hasta la plaza principal donde dejó varias lanchas varadas.  El terremoto fue el quinto desastre más catastrófico en el mundo desde 1900, formó un peligroso tsunami que llegó hasta las islas del Pacifico.  Aunque mucha ayuda extranjera llegó, el gobierno chileno tenía una buena organización y preparación de emergencia debido a varios desastres nacionales en su pasado.

 

TEMAS BÁSICOS EN SALUD MENTAL A TRAVÉS DE LOS AÑOS

Un número de temas que forman la base de los conocimientos en salud mental en desastres se entrelazan y están ligados. El incremento de conocimientos sigue evolucionando a través de los años y experiencias acumuladas por profesionales que asisten a los sobrevivientes de desastres, esto sirve para modificar los métodos de ayuda.  Los contenidos en los primeros años se basaban en las observaciones sistemáticamente documentadas por profesionales que participaban en programas de ayuda. Inicialmente se estudiaban las manifestaciones de cómo los individuos físicamente expresaban diferentes estados emocionales.  Quiere decir, que cuando interactuaban con los sobrevivientes observaban su conducta, lo que decían y sentían.  Basado en estos conocimientos inferían lo que estaban expresando pero no sabían qué procesos fisiológicos y psicológicos eran la base de la conducta (18).  A través de los años e investigaciones pudieron estudiar todos estos procesos por el avance de herramientas tecnológicas y psicológicas.  Estos datos nos ayudaron a formar conceptos que aplicábamos en los próximos programas de ayuda.  Asi surgieron los modelos de crisis, de trauma, de respuesta a estresores, de duelo y muchos otros que fueron modificados o descartados (19).

 

Actualmente hay un grupo de conocimientos que sirven como base de capacitación para identificar las reacciones de los sobrevivientes y preparar a trabajadores de emergencia (20). Los temas son los siguientes: cultura, efectos traumáticos, resiliencia, consecuencias de salud, edad, género, tipos de intervención, planificación y prevención.

 

Cultura

Las características de la cultura que rodea y forma a un individuo guía mucho de los aspectos de su historia, experiencia y conducta.  Los valores culturales de una poblacion impactada por un desastre influencian muchos aspectos de los procesos de ayuda en el ofrecimiento y en la aceptación de la modalidad de ayuda.  Es importante apreciar como los grupos sociales varían en sus habitos, costumbres, creencias, sistemas de valores y uso del lenguaje  en diferentes países. Estas variables van a influenciar cómo el sobreviviente percibe sus reacciones de stress y las expresa a través de sus emociones y conducta (21).

 

Efectos traumáticos

Los efectos traumáticos se pueden caracterizar en estresores debido a los efectos  de la experiencia durante el desastre, de pérdida de seres queridos, objetos, símbolos, continuas adversidades, cambios comunitarios.  Esta combinacion de ocurrencias está entrelazada a través de reacciones emocionales y de conducta.  Estas a su vez ocurren en el contexto de características  del desastre, la distancia del epicentro y la devastación del entorno individual, la desorganización de la comunidad y el impacto de pérdida de vida y soporte social (22).

 

Los límites entre el estrés crónico y las reacciones agudas producidos por un desastre son vagas. Aunque las reacciones agudas se confunden debido a las situaciones difíciles de muchos habitantes en esta región, es importante diferenciar entre la situacion post-desastre y las decisiones y recursos ante el incremento de morbilidad, mortalidad  de la poblacion afectada y la desorganizacion repentina de una comunidad.  Aunque desastres catastróficos son al azar, ocasionales e impredecibles, el efecto a largo plazo para la salud física y mental permanece por mucho tiempo en países sin recursos para mitigar el impacto.

 

Es difícil pronosticar cómo es que un número de sobrevivientes pueden manejar y confrontar efectivamente la situación estresante sin reacciones patológicas mientras otros manifiestan, a medida que pasa el tiempo, signos de ansiedad, depresión y el sindrome post-traumatico. Actualmente investigaciones muestran datos que implican la posiblidad que individuos que experimentan consecuencias crónicas es debido a que los elementos bio-psicológicos críticos en la resolución del trauma fracasan en mitigar el stress agudo.  El resultado impide recobrar el sentido de seguridad y restablecimiento de un equilibrio psicológico. Muchas de las reacciones emocionales después de un trauma tiene un componente genético con variantes de DNA y proteínas que controlan el nivel de las emociones. 

 

Resiliencia

La capacidad para confrontar los acontecimientos traumáticos de un desastre varía de acuerdo a características personales y circunstancias sociales y económicas. Aunque con variedades múltiples dentro del grado de vunerabilidad, factores de salud física y mental, se ha encontrado un grupo de conductas que manifiestan niveles de resiliencia eficaz. Aún después de experiencias traumáticas la mayoría de los sobrevivientes no desarrolla signos patológicos crónicos.  Investigaciones han mostrado que ciertos individuos tienen resiliencia que indican la presencia de factores protectivos que facilitan los procesos adaptativos después de un desastre.  Conexiones neurales en el cerebro contribuyen a reacciones condicionadas de  miedo, consolidación de memoria, y extinción están ligados a niveles de resiliencia.  Estos circuitos neurales están implicados en situaciones crónicas (23).

 

Consecuencias sobre la salud

Se están incrementando los conocimientos que  eventos traumáticos están relacionados con altos niveles de signos físicos como fatiga, dolor de cabeza, dolor de estómago, palpitaciones.  Estudios neurofisiológicos se han publicado sobre la relación de niveles de stress y enfermedades cardíacas. La relación entre depresión y morbilidad física implica la pregunta de cuál es la variable causante.  Las investigaciones, usando nuevos instrumentos técnicos, de los circuitos cerebrales de la Amígdala e Hipocampo están esclareciendo los procesos que se iluminan durante estados de stress en situaciones clínicas asociadas con estos diagnósticos.  Por eso se puede extrapolar que lo mismo pasa en situaciones de ansiedad en desastres (24).

 

Tipos de intervención

A través de los años el contenido, las técnicas, los procesos, metodología de capacitar a los equipos de emergencia han cambiado.   El rol de socorrista o trabajador de salud mental en emergencias es hoy día un rol bien definido y respetado. El incremento de conocimientos-biológico, emocionales y de conducta social-del sobreviviente- han modificado el contenido de los programas de ayuda (25).

 

En general, el objetivo de los programas contienen actvidades para disminuir los peligros y aumentar la seguridad física del sobreviviente, dar soporte emocional y práctico, contínuamente informar sobre lo que está ocurriendo, conectar familias y guiarlos a través de las experiencias que deben transitar para recobrar su estabilidad (26).

 

Edad y Género

Es necesario tomar en consideración las características de la población que ha sido afectada en relación a edad y género.  El impacto de una catástrofe va a tener diferentes consecuencias para un niño, adolescente o adulto mayor (27).  También ellos van a tener diferentes recursos y necesidades, por esa razón el programa de ayuda debe tener conocimientos de los niveles de desarrollo, tipos de reacciones traumáticas y consecuencias de pérdidas en estas edades.  También los programas para mujeres y hombres se van a diferenciar reconociendo los roles dentro de los entornos sociales y étnicos. Todas estas diferencias son importantes en el tipo de ayuda concreta y fisiológica que es necesario movilizar en un programa eficaz (28).

 

Planificación y prevención (29)

Aunque todavía no existen todos los datos científicos, tenemos suficientes indicadores y conocimientos para asegurarnos que un modelo de ayuda a sobrevivientes, podría prevenir las consecuencias traumáticas de un desastre. Programas de emergencia  y prevención comparten varios aspectos de la metodología de programas de Salud Pública.  El objetivo de prevención estaría basado en el concepto que reforzando la capacidad del ciudadano de confrontar de la mejor manera posible las consecuencias del desastre y de capacitar al personal médico para mitigar su impacto disminuirían el efecto traumático de la experiencia.  Estos propósitos se podrían obtener educando a los ciudadanos a prepararse para los desastres más frecuentes en su región y atendiendo a sobrevivientes rápidamente de una manera eficaz. La pregunta que necesita una respuesta es si hay recursos suficientes para poder desarrollar un plan nacional. Usando la tecnología de la comunicación, incluyendo capacitación-a-distancia- y los conocimientos que ya tenemos sobre los procesos biopsicosociales de individuos se podría capacitar a profesionales que trabajan en centros médicos –desde hospitales hasta clínicas y postas rurales- para prepararlos en aspectos preventivos de salud mental.

 

Basándonos en los conocimientos que la mayoría de ciudadanos muestran signos de ansiedad y depresión como manifestaciones normales a una situación anormal se puede capacitar a profesionales médicos para reconocer y diferenciar las reacciones patológicas de un pequeño grupo que necesitaría atención más especializada (30).

 

Conclusión

El impacto traumático de un desastre sobre una comunidad con consecuencias desorganizadoras y pérdidas individuales continuan siendo estudiadas.  Sin embargo ya tenemos suficientes datos de los procesos bio-psico-sociales que guían las reacciones y conducta de los sobrevivientes, para poder organizar programas de prevención, preparación, planificación e intervención. Con el incremento de la tecnología de comunicación -teléfono móvil, internet, computadoras, radio- se puede instituir la capacitación a distancia, por ejemplo en un país como el Perú con serios ploblemas de comunicación y transporte.

 

Especialmente los programas preventivos podrían incorporarse dentro de los modelos de salud pública y comunidad que muchos de los países ya tienen.  Estos programas  deben ser liderados por el Estado pero con el contenido científico proporcionado por centros académicos, donde es necesario continuar los estudios, investigaciones y capacitación de los temas fundamentales.  Los conocimientos contemporáneos de este campo emergente y pionero, de los procesos cerebrales, las reacciones psicológicas y la conducta social-cultural reforzarían los programas nacionales de estas regiones para el beneficio de sus ciudadanos.

 

 

BIBLIOGRAFIA

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